Volver a la Tierra

“Es hoy la gran oportunidad de volver a nuestra esencia, de volver a abrazar a nuestros hermanos los árboles para agradecerles y pedirles perdón. Es hoy el tiempo de volver a la Tierra.”

Muchísimo daño produjo la humanidad a la Naturaleza creyéndose dueña del planeta, considerándose el punto más alto y superior de una escala inventada por ella misma para erguirse poderosa y desde allí matar. Matar extensiones inmensas de ecosistemas para sembrar semillas a las que modificó genéticamente con el fin de seguir matando. Dando muerte a bosques, silenciando el susurro de las aguas naturales y transformando su voz en bramidos de represas. Tan dueña de la Tierra se consideró la humanidad que su ambición desmedida la llevó a cambiar el color de los cielos, decidir cuando llueve y cuando hay sol. Tanto se alejó la humanidad de la Naturaleza que llegamos a niveles inconcebibles de femicidios: hombres matando mujeres. Tantísimo se alejó la humanidad de la Naturaleza que hay infancias que se mueren de hambre.

Y apareció una partícula diminuta, un virus, y nos mostró que la Tierra se embellece cuando la humanidad se queda en sus casas. Los animales pudieron salir a celebrar la Vida sin temor a que los maten. Y los cielos volvieron a sus celestes. Y el sol no fue tapado.

Es tiempo de volver a la raíz, a nuestra esencia, de reconectar los lazos que nos unen a todos los seres de la Tierra. Es tiempo de crear y dejar que se regenere lo destruido. Es tiempo de volver al Amor sin dominio y sin muertes, de valorar el territorio que habitamos, abrazar los árboles dadores de vida y dejar de verlos como un recurso forestal.

Uno de los árboles más representativos de la patagonia es el ciprés de la cordillera, len en su lengua originaria, el mapuzungun. Se trata de un árbol nativo de la región andino patagónica que vive a ambos lados de la Cordillera de los Andes. Por tratarse de la única especie del género Austrocedrus a su género se lo denomina “monotípico”. Su nombre botánico –Austrocedrus– hace referencia al hecho de haber sido considerado al momento de su clasificación un “cedro austral o “cedro del sur”. Es la conífera de mayor rango de distribución geográfica de Argentina, desde las cercanías del pueblo de Huingán-Có, al norte de la provincia de Neuquén, hasta los alrededores del pueblo de Corcovado en la provincia del Chubut. Habita preferentemente en los faldeos de la cordillera entre los 250 y los 2200 metros sobre el nivel del mar, desde el bosque a la estepa.

Es un árbol perenne, de hasta 20 metros de altura, con copa piramidal y compacta. Se caracteriza por tener un tronco recto y cónico, de corteza rugosa con fisuras longitudinales. Presenta ramas extendidas, ascendentes, densas, compuestas de ramillas comprimidas, de tonalidad amarillo verdosas, dispuestas en forma de abanico. Las hojas son alargadas, de extremos redondeados, muy pequeñas y están dispuestas en forma de escamas cubriendo las ramas.

Es el ciprés un árbol dioico, es decir que existen cipreses femeninos y masculinos; los conos de estos últimos parecen pequeñas espigas verde claro que se encuentran en la parte terminal de las ramitas y miden aproximadamente 1 centímetros de largo. Por su parte los conos femeninos son pequeños, ovoides y tienen dos pares de escamas opuestas (las inferiores presentan un tamaño menor que las superiores) que aparecen verdes, sobre los ápices de los brotes nuevos, a principio de primavera y al madurar se tornan marrones. Tienen en su interior semillas aladas de 2 a 5 milímetros de ancho.

El período de floración de los cipreses se extiende desde principios de septiembre hasta mediados de noviembre, tiempo durante el cual el polen es llevado por el viento para fecundar las semillas de los árboles hembra. La maduración de las semillas fecundadas comienza a mediados de noviembre y se extiende hasta mediados de mayo. Cuando los conos están maduros se abren con facilidad y comienza la dispersión protagonizada nuevamente por el viento, que entre abril y agosto disemina las semillas a muy corta distancia de los árboles madre. Ya en el suelo estas necesitarán de la humedad y el frío del invierno para germinar y adentrar sus raíces en la tierra. Las nuevas plántulas aparecerán en el tiempo de los brotes: el pewün.

El ciprés de la cordillera es una especie longeva capaz de vivir hasta 1500 años, aunque dada la alta frecuencia de perturbaciones en su área de distribución, resulta extraño encontrar ejemplares añosos.

La superficie ocupada por el ciprés se ha visto reducida en los últimos 100 años por distintos factores, algunos de ellos naturales, aunque históricamente el factor más influyente, en la alteración de los bosques donde vive el ciprés, han sido los incendios intencionales. Por su parte el uso pastoril de los bosques impide su renovación natural transformándolos en áreas de pastoreo casi estériles. Paralelamente el reemplazo de los cipreses por forestaciones de coníferas exóticas redujo y fragmentó en varias zonas su hábitat, a lo que se suma la disminución de los cipresales a causa de los estragos realizados en los bosques nativos por los emprendimientos inmobiliarios.

En los últimos años una enfermedad llamada “el mal del ciprés” ha generado muertes masivas de cipreses. A pesar de estas constantes amenazas a la vida del ciprés de la cordillera, esta emblemática conífera autóctona tiene una buena capacidad de sobrevivencia, por lo que actualmente su estado de conservación en Argentina está clasificado como “casi amenazado” según la UICN –Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza– encontrándose en la Lista Roja del SIB –Sistema de Información de Biodiversidad–. Esto significa que aún no está en peligro crítico de extinción, pero si no lo cuidamos en un futuro cercano puede terminar en un estado de absoluta vulnerabilidad.

El ciprés de la cordillera es una de las tantísimas especies arbóreas dentro de la inmensa biodiversidad a la que pertenecemos. Conociendo su distribución, su forma de crecimiento y su historia, debemos asumir el compromiso de cuidarlo.

Es hoy la gran oportunidad de volver a nuestra esencia, de volver a abrazar a nuestros hermanos los árboles para agradecerles y pedirles perdón.

Es hoy el tiempo de volver a la Tierra.